La escena se repite en cualquier sitio público y a diario. Gente
pendiente de un post, un feed o un chat en la pequeña pantalla del
celular, y a la vez conversa con otro, desafiando la posibilidad de
hacer dos cosas al tiempo.
A este fenómeno, que llegó con la omnipresencia de dispositivos personales, le pusieron un nombre.Se llama Phubbing (en inglés, de la mezcla de phone y snubbing), y según la estrategia de
A este fenómeno, que llegó con la omnipresencia de dispositivos personales, le pusieron un nombre.Se llama Phubbing (en inglés, de la mezcla de phone y snubbing), y según la estrategia de
apropiación del Mintic, SoyTIC, el 87 por ciento de los
adolescentes lo practican.
Una estadística que también comparte la web Stopphubbing.com, en la que la gente protesta contra esa forma de evitar prestarle atención a lo que le rodea y crear una burbuja personal con su móvil.
"Es molesto, patético y patológico", dice el docente Carlos Múnera. Esta dependencia en lo virtual es "incompatible" para el encuentro con la pareja, la familia o los amigos.
Estamos en un mundo globalizado donde las tecnologías son parte ya de nuestras vidas, sin embargo debemos prestar atención y cautela en el uso excesivo de los celulares en adultos y en especial de los niños.
Dependencia del Me gusta
¿Es
menospreciar al que tiene al lado? En su concepto, surge una
dependencia de lo que sucede en las redes. "Es esa necesidad de estar
revisándolas y de ser valorado y admirado por el clásico Me gusta". Aquí
es más importante un post que el otro, y ya no queda nada de qué
hablar.
Le sucede en clase. Sus alumnos, muchas veces, intentan
estar conectados acá, en el tablero, y allí, en el móvil. Lo que hace
Carlos es involucrar el dispositivo en la clase pero reflexiona sobre
ello y cree que "estamos dejando de ver y escuchar al otro".
María Teresa Gómez,
psicóloga del CES, con maestría en salud mental de niños y jóvenes,
dice que es un fenómeno que incluso ve en la consulta. "Si se les
permite a los jóvenes, hacen lo que quieren".
En su concepto,
las tabletas y teléfonos no pueden ser pensados como una forma de
entretener a los hijos. "Es preciso que existan reglas y espacios
concretos para utilizarlos". Quizás no hagan falta cuando se sienten a
conversar padres e hijos luego de llegar del colegio, o en un
restaurante sea mejor apagarlos.
Es cuestión de "urbanidad",
pero también de no perder eso que conecta con los otros y permite una
buena comunicación, es decir, el contacto visual, percibir el lenguaje
corporal o no verbal, identificar las emociones y resolver la
convivencia del día a día.
Ariel Torres, columnista de La
Nación, identificó algunas Delicias analógicas que se llevó el celular,
entre ellas, la posibilidad de la llamada sorpresa, porque la pantalla
siempre le adelanta que llama "el jefe"; y el tono de ocupado, pues
ahora si lo interrumpe otro, hay que cortar y atenderle. ¿Habrá forma de
tener paz? quizás falta volver al clásico: una cosa a la vez, así se
podrá escuchar al otro sin necesidad de atender la pantalla del móvil.
Más simple.


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